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CONSIDERACIONES SOBRE EL TEMA "PAISAJE" DEL INFORME DE IMPACTO AMBIENTAL DEL

PROYECTO MINERO ESQUEL *

Por el Ing Francisco Carabelli

Introducción

Este informe contiene una serie de consideraciones realizadas al capítulo

"Paisaje" del Informe de Impacto Ambiental (IIA) realizado por la Consultora

Vector Engineering, Inc. para la empresa Minera El Desquite S.A. (MED),

propiedad de la Firma Meridian Gold Inc. de Canadá. Se analizan todas las

referencias al tema que se han encontrado en el IIA de acuerdo con el

siguiente detalle:

Referencia / Título del apartado Inicialización Páginas Tomo

Paisaje 3.12 79-83 I

Impactos sobre el ambiente estético 5.3.6 54-55 II

Medidas de mitigación 6.2.8 24 II

Paisaje (Metodología) 7.6.12 18-20 III

El trabajo sobre Paisaje que aborda el IIA fue realizado por el arquitecto

Roberto Boullon, quien figura en la grilla de personal participante del

estudio como "profesional independiente".

La mecánica de trabajo para realizar las consideraciones sobre este Apartado

del IIA consistió en analizar el marco conceptual desde el que se realiza el

estudio específico ­la noción de paisaje-, la metodología y los resultados a

los que el especialista arriba. Es en este orden que se estructura de aquí

en adelante el presente Informe.

Consideraciones sobre el Marco conceptual

Frecuentemente se identifica el término paisaje con un elemento de carácter

meramente estético o visual, tal como en el IIA lo hace el Arq. Boullon. Se

señala en el Apartado "3.12 Paisaje" (Tomo I) que este término alude al

"territorio o el espacio de terreno considerado en su aspecto artístico".

Esta noción se refuerza con otra consideración en el capítulo metodológico

(Apartado 7.6.12 ­ Tomo III) donde el especialista expresa: "La idea básica

es que el paisaje es una creación del hombre cuando se convierte en

observador de la naturaleza como objeto estético, por lo tanto, para que

haya paisaje hace falta que se cumpla la siguiente relación: Objeto

(estético) _ Sujeto (observador sensible)". #

Sin embargo la ciencia muestra en modo creciente una preocupación por

abordar y analizar sistemáticamente el paisaje, en principio depurándolo de

condicionantes estéticas. En esta dirección, hace ya más de 30 años que la

Ecología del Paisaje ha experimentado un fuerte crecimiento y se ha

consolidado con peso propio como disciplina de estudio dentro de la

Ecología. Nuestra mención a esta disciplina no es casual, muy por el

contrario, dado que la finalidad principal de la Ecología del Paisaje es

combinar esencialmente el enfoque espacial del geógrafo con el enfoque

funcional del ecólogo (Turner et al., 2001), una conceptualización del

paisaje en el marco de esta disciplina hubiera sido largamente más apropiada

para un estudio de Impacto Ambiental de estas características, donde además

de otros aspectos de suprema importancia ­tales como los estudios del medio

físico y los impactos sobre el mismo que producirá el emprendimiento- debe

interesar, también centralmente, poner de manifiesto y estudiar con la mayor

profundidad posible las interacciones entre entidades biológicas y el

espacio territorial que ocupan, para que las medidas de mitigación

propuestas respondan cabalmente a la finalidad de preservar lo menos

perturbado posible el ambiente original ­situación previa al proyecto-.

¿Qué es entonces un paisaje? Dado que la actividad de MED, como casi

cualquier actividad humana de utilización de recursos naturales se realizará

sobre un ecosistema, parece evidente que el enfoque más apropiado es aquel

que considere también al paisaje como un recurso natural que forma parte del

ecosistema que será intervenido. La consideración del paisaje como un

recurso natural y su valoración como tal está muy relacionada con la

progresiva importancia que se da a la conservación de espacios naturales,

con dos modalidades principalmente:

. Espacios con alto grado de naturalización en los que la antropización, y

por lo tanto las huellas de ésta en el paisaje, es escasa.

. Espacios en los que la integración de actividades humanas en el medio ha

dado (o dará) como resultado un espacio antropizado, pero con sistemas

sostenibles de explotación, en los que el paisaje suele estar compuesto por

un mosaico complejo de elementos naturales y antrópicos entre los que se

establecen intensas relaciones.

# Nota: todas las frases en itálica y comillas en este Informe son

transcripciones textuales de los capítulos del IIA.

Resulta también evidente que dadas las características del emprendimiento

minero, la modalidad que más se aproxima es la indicada en segunda

instancia. En función de ello consideramos apropiadas las siguientes

definiciones de paisaje que por supuesto son sólo algunas de un amplio

listado que podría enumerarse:

q Es un proceso que, como tal, presenta una sucesión genética que puede ser

seguida y precisada y, así, permite fijar la tendencia, el ritmo y la

importancia de los diferentes procesos que contribuyen a su evolución

(Bolos, 1981).

q Es una unidad geográfica limitada, formada por una combinación dinámica de

elementos y procesos físicos, biológicos y antrópicos, relacionados entre sí

que dan lugar a un conjunto armónico, que lo caracterizan y diferencian de

otros (Martínez Carretero y Roig, 1992). Los mismos autores acotan que el

paisaje es la visión integral y dinámica de los factores físicos (relieve,

geoformas, etc.), biológicos (vegetación, fauna) y de uso (antrópicos), que

existen en una situación climáticamente determinada, y que se manifiestan

como una unidad funcional definida; por lo tanto con caracteres distintivos

que le son propios y que permiten su identificación.

q Un paisaje es un sistema territorial compuesto por elementos naturales y

elementos antropógénicos socialmente determinados que se hallan

correlacionados entre sí (Sandner, 1991 fide Carabelli, 2002). Por lo tanto,

las unidades de paisaje son unidades naturales influenciadas por la

actividad de la sociedad humana y con ello obran como una síntesis de

naturaleza y uso de la tierra.

No obstante, varios autores también destacan su doble carácter, tanto desde

el punto de vista ecológico como del psicológico y de bienestar social

(Troll, 1971; Bertrand, 1978; Naveh y Lieberman, 1984; Bernaldez, 1981).

Señalan que el paisaje como expresión territorial de la estructura y

dinámica ambientales, ecológicas y culturales y como una entidad visual

perceptible y suscitante de emociones, es un instrumento de análisis y

valoración necesario tanto en la investigación medioambiental como en la

planificación y ordenación territorial. En esta dirección, Corraliza (1993)

observa que el sujeto ante un paisaje pone en marcha dos tipos de

actividades mentales:

. la actividad descriptiva de las propiedades, cuyo objetivo es comprender

la situación centrándose en la determinación de las propiedades y

componentes del paisaje y

. la actividad predictiva de experiencias en la que el sujeto puede evaluar

el grado en que el paisaje satisface sus necesidades y por tanto planear su

comportamiento ante él.

La ecología del paisaje reconoce que los sistemas ecológicos están

dispuestos en el espacio en respuesta a gradientes de topografía,

temperatura, humedad y suelos. Un patrón adicional se impone por disturbios,

interacciones bióticas y el uso humano de la tierra. La demanda por el

apuntalamiento científico para el manejo de grandes áreas y la incorporación

de las consecuencias de la heterogeneidad espacial en las decisiones de

manejo de la tierra ha estado creciendo desde los ´70 y es actualmente muy

significativa. El paradigma del manejo de ecosistemas, por ejemplo, lleva

consigo un foco implícito sobre el paisaje. Los problemas aplicados y las

necesidades de manejo de recursos han ayudado claramente a catalizar el

desarrollo y emergencia de la ecología del paisaje. Por ejemplo, cuestiones

acerca de cómo manejar poblaciones de plantas y animales nativos sobre

grandes áreas cuando cambian el uso de la tierra o el clima, cómo intervenir

sobre los efectos de la fragmentación o pérdida del hábitat, cómo planear el

establecimiento humano en áreas que experimentan un régimen particular de

disturbios naturales, demandan un entendimiento básico y soluciones de

manejo a escalas de paisaje (Turner et al., 2001).

Es evidente que nada de esto ha sido tenido en cuenta para el tratamiento

del paisaje y las potentes modificaciones que provocará el emprendimiento

minero. Muy por el contrario, el autor sólo menciona el aspecto estético e

incursiona en apreciaciones no exentas de ironía y / o menosprecio frente al

lector y al usuario de los recursos naturales en cualquiera de sus múltiples

modalidades, ya se trate de un paseante o de un habitante de la zona

(turista, recreacionista, ganadero, maderero, técnico, etc.) todos los

cuales pueden, y de hecho lo hacen, considerar el paisaje desde múltiples

perspectivas, no sólo la escénica ni una reduccionista. Con este último

término queremos significar que un industrial interesado en extraer madera

vería sólo bosques sobre distintas configuraciones de relieve y evaluaría

estos bosques con mayor o menor interés según su potencial maderero, que un

ganadero vería únicamente praderas y analizaría la potencial palatabilidad y

abundancia de los pastos presentes, y así sucesivamente. Formulamos esta

observación ateniéndonos a un párrafo citado en los "Objetivos" del Capítulo

sobre Paisaje (Ítem 3.12.1 ­ Tomo I, Pág. 79) que expresa:

"Inicialmente podría decirse que hoy no hay paisaje, porque no hay

observadores interesados en contemplar la calidad estética del entorno: el

objetivo de los que trabajan, tanto en una mina como en un cultivo o en una

hacienda es otro. Para los pobladores, la naturalidad de su territorio está

incursa en su propia vida y la conocen perfectamente, aunque no puedan decir

una palabra del mismo en cuanto a su tipo y calidad paisajística".

Consideramos que se trata de una apreciación largamente desafortunada, no

sólo muy poco feliz sino dolorosamente descalificatoria, pues está

expresamente indicando que la apreciación de un paisaje y de su calidad

(desde una perspectiva exclusivamente centrada en lo escénico) es sólo

accesible a los especialistas en el tema o a personas que hayan sido

"entrenadas" para detectar y valorar un paisaje como "recurso visual" tales

las palabras de Boullon. Anteriormente, incurre en el enfoque reduccionista

al que hacíamos referencia, al indicar que para quienes habitan un lugar,

esta noción tan particular de paisaje en la que abreva el autor no puede

existir, pues desde siempre han convivido con su entorno y por ende no

pueden (congénitamente, al parecer) valorarlo como paisaje. Quisiéramos

respecto de este posicionamiento hacer dos observaciones: en principio, con

esta observación el autor demuestra que desconoce absolutamente la

idiosincrasia de los pobladores nativos, al negarles expresamente la

posibilidad de reconocer, valorar y disfrutar un entorno, cosa que es

completamente contraria, pues suelen ser los autodenominados "nacidos y

criados (NIC)" quienes más fervientemente, con mayor pasión y en muchos

casos con mayor conocimiento, aprecian, valoran y cuidan este extraordinario

entorno. En segunda instancia, quienes por elección propia han venido a

vivir a estos lugares, tienen también una altísima capacidad de percepción

no sólo del valor escénico sino también ecológico de estos ambientes, tan

singulares como frágiles.

En nuestra opinión, es ya a partir de este enfoque que se menciona en los

objetivos del capítulo que el estudio sobre el paisaje que contiene el IIA

pierde gran parte de su valor.

Consideraciones sobre los Aspectos Metodológicos

La metodología empleada es, según menciona Boullon, de su autoría.

Lamentablemente, no aparece en el capítulo correspondiente (Ítem 7.6.12,

Tomo III, Pág. 19) referencia alguna que permita entender los rudimentos

básicos de tal metodología. Sólo se menciona que: "En este estudio se

plantean las técnicas de análisis del paisaje que abarcan al análisis y

diagnóstico del paisaje natural, el paisaje cultural y el paisaje urbano.

Tales técnicas parten del principio que todos los observadores no son

iguales pues las variables que intervienen en la percepción de un individuo

son: la edad, el nivel cultural, el conocimiento o no del lugar y la

predisposición hacia el objeto observado (neutra, a favor, en contra)".

En el capítulo descriptivo (Ítem 3.12.3 ­ Tomo I, Pág. 80) menciona que: "La

valoración directa subjetiva del área aplicando el método de Fines, surge de

adjudicar a la unidad distintiva del paisaje un valor absoluto (Va), en una

escala de rango o de orden, sin desagregarlo en componentes paisajísticos ni

categorías estéticas"

Seguidamente se presenta una tabla que categoriza los paisajes desde

"Espectacular" con Va = 25 hasta "Feo" con Va entre 0 y 1. A continuación de

esta tabla puede leerse:

"Determinado el Va de los puntos representativos de la totalidad del área se

obtiene el promedio del terreno problema y de las áreas circundantes. En

caso (sic) del área del Proyecto Esquel corresponde Va = 5".

Resulta cuando menos llamativo que no exista, al igual que con el método de

su autoría, ninguna referencia a cómo se realizó este proceso de "valoración

directa subjetiva del área", según palabras del propio Boullon, para una

superficie de aproximadamente 1000 hectáreas sobre las que el emprendimiento

influirá directamente, que tiene múltiples ambientes -entre ellos un área

esteparia, un valle profundo con pequeños bosquetes, zonas subarbustivas, un

pastizal de altura con zonas de mallines, como también describe el autor-.

No resulta por el contrario tan extraño que el valor resultante sea bajo,

teniendo en cuenta el valor máximo de la escala (25).

Más adelante corrige este valor Va en función de una serie de parámetros, a

saber: cercanía a núcleos urbanos y vías de comunicación (d); población

potencial de observadores (P), accesibilidad a puntos de observación (Ac) y

superficie o tamaño de la cuenca visual (S). Obtiene entonces un valor

corregido Vr, producto de multiplicar el valor absoluto Va por un

coeficiente K. Este coeficiente reúne los cuatro parámetros antes

mencionados en una fórmula de tipo exponencial. Luego expresa que Vr es el

indicador de la calidad visual del paisaje (Cv), que puede oscilar entre 0 y

100. Aunque el autor no lo menciona, inferimos de su análisis que la calidad

visual del paisaje se incrementa con valores mayores de Vr. Si esto es así y

en concordancia con el valor de Va, tampoco sorprende que el valor

definitivo de Vr que expresa la "calidad visual del paisaje" sea 9.52, es

decir muy bajo.

Finalmente, determina la "Calidad Visual Vulnerable (CVV)", la que define

como un "indicador integral de la sensibilidad de deterioro del área

producido por actividades humanas". Este indicador "se obtiene aplicando a

la calidad visual (Cv) dos factores de sensibilidad ante la modificación

ambiental: un factor de fragilidad y un factor de modificación de la

naturalidad". El primero de ellos es adimensional e involucra el producto

del área impactada por el proyecto (Ai) y el área total considerada (At) o

área de la cuenca visual. El segundo factor "indica el nivel actual o

pre-operacional del área afectada al proyecto en cuanto al grado

evidenciable de transformación por actividad humana". Nuevamente el autor

nos sorprende otorgando valores a estos factores sin que el lector pueda

tener la menor idea de cómo llegó a ellos, para obtener un valor final de

CVV de 3,81. Una vez ingresado a una tabla que muestra los grados de impacto

para rangos de valores de CVV, nos encontramos con que el valor calculado

corresponde a un grado de impacto "Muy bajo".

Un aspecto fuertemente cuestionable de esta metodología de valoración

subjetiva del área, entre muchos otros aspectos que también lo son, es que

el autor recurre sólo a la propia (y única) percepción del área para

determinar tanto la calidad visual del paisaje como la calidad visual

vulnerable. En este sentido coincidimos ampliamente con Bernáldez (1981)

cuando señala que dado que los criterios en la percepción pueden ser

distintos entre quienes son usuarios del paisaje y quienes lo planifican y

ordenan, es conveniente conocer cuáles son los aspectos coincidentes de la

población en la percepción y valoración del paisaje, teniendo incluso en

cuenta la atracción psicológica de ciertos componentes, a pesar de no ser

funcionales o productivos. Lamentablemente, parece evidente al leer el

estudio que el autor no recurrió nunca a otra opinión que no fuera la

propia, con los resultados que aquí expresamos. En este sentido, lo único

que podría vincularse a una aproximación a la opinión de la comunidad sobre

este tema ­y no sabemos si el autor habrá tomado contacto con esta

información- se presenta en el Sondeo de Opinión (Anexo I, Tomo III, Pág. 3)

donde en la valoración de la actividad minera, todos los estratos de

pertenencia consultados (Alto, Medio Alto, Medio Bajo, Bajo) consideraron al

Medio Ambiente y al Paisaje (integrantes de una gama de 12 temas)

susceptibles de impacto negativo. Es significativo señalar lo que para estos

dos temas indica el sondeo de opinión en cada estrato:

- Estrato Alto: "Medio Ambiente (93.3%) y Paisaje (93.3%) son valorados como

susceptibles de impacto negativo".

- Estrato Medio Alto: "Medio Ambiente y Paisaje son los temas que más

frecuentemente se valoran como negativos en el estrato"

- Estrato Medio Bajo: "En forma negativa se valoran en primer término el

Medio Ambiente, luego Paisaje, Salud, Migraciones".

- Estrato Bajo: "Entre un 60 a 70% valoran como impacto negativo a los temas

Salud, Medio Ambiente, Paisaje".

Por último, debemos también expresar nuestros serios reparos frente a la

naturaleza subjetiva y claramente cualitativa de la metodología, pues

existen herramientas para abordar el estudio del paisaje con fines escénicos

(tal como lo plantea el autor en su análisis) en forma cuantitativa,

dimensionando y evaluando los tipos de elementos naturales y antrópicos que

configuran el paisaje (según la acepción empleada por Forman y Gordón,

1986), entre ellos el grado de inclinación de la ladera, la densidad de la

red hídrica, la superficie de los cuerpos de agua y la vegetación

(Carabelli, 1999). El empleo de metodologías cuantitativas y objetivas

permite no sólo "seguir" el proceso de cálculo sino replicarlo si ello fuera

necesario, para entender cabalmente la lógica del proceso y los resultados

alcanzados.

Consideraciones sobre los Resultados

Los resultados que analizamos son los que en el IIA aparecen en los

siguientes apartados:

- Aporte de la mina a la percepción del paisaje (Ítem 3.12.4, Tomo I, Pág.

82).

- El impacto visual sobre los habitantes de Esquel (Ítem 3.12.15, Tomo I,

Págs. 82-83).

- Impactos sobre el Ambiente Estético (Ítem 5.3.6, Tomo II, Págs. 54-55).

- Impactos irreversibles de la actividad (Ítem 5.3.7, Tomo II, Pág. 56).

- Medidas de Mitigación (Tomo II, Tabla en Pág. 24).

Respecto del primer ítem, señala el autor que "el camino de acceso a la

mina, que es la primer obra que ya modificó el escenario original, en sus

tramos de ruta escénica (¿?), tanto en el viaje de ida como de regreso,

permitirá pasear a cualquier visitante por diversos tramos donde las

visuales cercanas, lejanas y las formas nítidas, se sucederán a lo largo de

un corto recorrido bien distinto a los tradicionales".

Nuevamente y cual un buen escritor de novelas de misterio que no deja que la

tensión decaiga en ningún momento, el autor vuelve a sorprendernos al

referirse a "tramos de ruta escénica" y al "corto recorrido bien distinto a

los tradicionales". En el Capítulo sobre "Impactos del Proyecto" (Ítem 5.3,

Tomo I, Pág. 2), se indica textualmente:

"El desarrollo de los accesos para las perforaciones y el camino principal

han producido variación en el drenaje y escurrimiento superficial.

Conjuntamente se han modificado suelos hidromórficos y mallines, se ha

incrementado la erosión de los suelos y se han motorizado fenómenos de

reptación de suelos granulares en laderas".

¿Puede pensarse que con tales "características" el camino fue pensado desde

una perspectiva escénica?. En cuanto a la restante apreciación del autor que

hemos destacado, no cabe duda que ateniéndonos a lo indicado en el párrafo

anterior, el recorrido es "bien distinto a los tradicionales".

Seguidamente, en el mismo Ítem, Boullon destaca, haciendo referencia al

párrafo anterior, lo siguiente:

"En este sentido, las construcciones y técnicas industriales utilizadas por

la empresa favorecerán a la futura operación turística de Esquel, porque

agregarán a su patrimonio dos elementos importantes: la propia extracción

del oro y la ya mencionada construcción del camino que habilitará como

turístico al cañón que acompaña en los primeros tramos al curso del A°

Esquel Viejo. Gracias a ese camino, la visita a la mina incorporará a la

excursión los atributos paisajísticos del lugar, en una gama mucho más

amplia que contiene el paisaje del área que ocupará el área de trabajo".

En nuestra opinión, es evidente que el autor intenta hacer del defecto,

virtud, al destacar que el emprendimiento minero aportará significativamente

al turismo de Esquel. Creemos que se trata de una expresión muy aventurada,

pues en ninguna parte del estudio se intenta hacer siquiera un intento de

cuantificar la magnitud de esos aportes al turismo. Muy por el contrario, se

señala expresamente en la Introducción del Informe (Tomo I, Pág. 2):

"Además, existen otros beneficios indirectos (del proyecto minero) que no

fueron cuantificados como: Turismo minero".

Un intento de captar la "percepción" de la comunidad en este tema parece

manifestarse en el ya aludido Sondeo de Opinión (Anexo I, Tomo III, Pág. 4)

donde en una Tabla se listan los 10 principales temas mencionados como

beneficios para Esquel. El turismo aparece en 4to. lugar con 4,1% de

"adhesiones" (corresponde mencionar que el primer lugar se asigna al empleo

­37%-, el segundo a la economía ­31.8%- y el tercero al comercio 4.7%-). La

segunda referencia en el párrafo anterior, destacando que el camino a la

mina permitirá incorporar los atributos paisajísticos del lugar en una gama

mucho más amplia parece contradecir los resultados del análisis de

"valoración directa subjetiva del área" si recordamos que el autor obtuvo un

valor absoluto (Va) promedio de 5 para "los puntos representativos de la

totalidad del área" (que incluía "el terreno problema y las áreas

circundantes") muy lejano del valor máximo de la escala, 25, que caracteriza

un paisaje "espectacular". Debe señalarse que el valor calculado por Boullon

(Va = 5) corresponde a un paisaje "distinguido" (rango de 4 a 8), más

cercano al de un paisaje "agradable" (rango de 2 a 4) que al de uno

"soberbio" (rango de 8 a 16). La misma "diferencia" de 3 puntos, con

respecto al límite inferior de esta última categoría es la que separa el

valor calculado del límite superior de la anteúltima categoría en sentido

decreciente que corresponde a "vulgar" (rango de 1 a 2).

En referencia al "Impacto visual sobre los habitantes de Esquel" (Ítem

3.12.5, Tomo I, Pág. 82), señala Boullon que "[..] el emplazamiento de la

planta de extracción y procesamiento del material con contenido aurífero,

quedará oculto a las visuales que sus habitantes pueden obtener desde la

ciudad de Esquel, este hecho permanecerá ignorado a excepción de aquellos

habitantes que se conviertan en turistas y decidan visitar el lugar en esa

calidad. Es decir se pasen al otro grupo".

¿Qué puede decirse de este "análisis"?. Resulta manifiestamente grave

constatar la facilidad con que el autor recurre a simplificaciones sobre

aspectos que están involucrando el devenir de una comunidad de 30.000

habitantes y de un amplio ecosistema. En este caso su planteo parece ser "lo

que no se ve, no existe y si no existe, no hay porqué preocuparse". Por otra

parte, nuevamente nos sorprende (continúa lográndolo) cuando señala que

quienes "decidan" ver el lugar (es decir, reconocer su existencia "in situ")

pasarán automáticamente a la categoría de turistas. Si esta apreciación no

está explícitamente cargada de ironía, es al menos fundado que nos quedemos

con la duda.

En este mismo Ítem se menciona que el lugar de emplazamiento de la mina es

visible desde Esquel, por tratarse de "una masa montañosa que se sobreeleva

unos 1.000 metros sobre el plano de la ciudad". Como producto de una

comparación fotográfica que el autor efectúa, entre el perfil del cerro sin

proyecto y el perfil modificado que simula "el corte en cuestión" (que

causaría el emprendimiento), concluye que "[..] puede afirmarse que ese

cambio pasará desapercibido para la mayoría y la búsqueda requerirá un

esfuerzo especial, aun para aquel que se detenga ex profeso con la intención

de localizarlo".

Las consideraciones respecto a la carga irónica que creemos percibir en

estos textos y que mencionábamos en el párrafo previo al anterior podrían

hacerse extensivas a esta contundente conclusión del autor, que afirma que

el cambio en el perfil de la montaña "pasará desapercibido para la mayoría".

Desconocemos de qué manera efectuó la simulación aunque podemos suponerlo,

pero es evidente que el autor es capaz de concentrar en su persona la

percepción de "la mayoría" y que eso lo exime de profundizar y tomar más en

serio la evaluación de los cambios.

Este último análisis de Boullon nos permite introducirnos en los "Impactos

sobre el Ambiente Estético" (Ítem 5.3.6, Tomo II, Págs. 54-55) donde el

autor indica, en el Apartado "Modificación paisajística" (Ítem 5.3.6.2):

"El principal impacto sobre el paisaje será el fraccionamiento del entorno,

el cambio de líneas de horizonte y la artificialización del territorio una

vez que se instale la infraestructura de la mina y la planta. El camino de

acceso a la mina es la primera obra que ya modificó el escenario original".

Sin decirlo, el autor parece minimizar la incidencia de tales impactos sobre

el paisaje cuando en el párrafo siguiente indica: "En general el área de

Proyecto se encuentra oculta para la mayoría de los observadores

ocasionales".

Pero lo cierto es que los impactos se producirán y el autor los reconoce

explícitamente. Por ello resulta contradictorio, al punto que da la

impresión que el estudio del paisaje, en ciertos pasajes, hubiera sido hecho

no por una sino por varias personas que estuvieron desconectadas entre sí,

la observación en la Tabla 5.35 donde se escribe alegremente que los

componentes del proyecto "Tajo abierto y planta" no causarán "Ningún impacto

irreversible" sobre la componente ambiental "Paisaje". Suponemos que sin la

intención de contrariar tan definitiva conclusión, en el Ítem 5.3.2.1 (Tomo

I, Pág. 3) -"Impactos sobre el ambiente físico"- se mencionan los "Impactos

irreversibles de la actividad" (Ítem 5.3.2.1.7) como sigue:

l Topografía del Tajo abierto

l Topografía de la Escombrera

l El desmonte del camino y zona de planta

Si, como se ha señalado oportunamente el medio físico es una componente

estructural del paisaje: ¿puede plantearse, insistimos, alegremente, que el

paisaje no sufrirá "Ningún impacto irreversible"?. La flagrante

contradicción y absoluta falta de seriedad en este punto no exime de mayores

comentarios.

Finalmente, en el Capítulo de "Medidas de Mitigación" (Tomo II, Tabla en

Pág. 24), se proponen las medidas en relación con el "Elemento ambiental

Paisaje" para mitigar los siguientes dos impactos potenciales:

- "Potencial resplandor de iluminación nocturna" causada por todos los

componentes de la mina y

- "Afectación visión tradicional turismo de turismo" causada por la Planta.

Para el primer impacto, la medida de mitigación propuesta es "Minimizar el

uso de iluminación" mientras que para el segundo impacto se propone que "El

proyecto sólo sea visible desde un punto al norte del aeropuerto y al

aterrizaje del avión".

Nos preguntamos porqué el autor propone ocultar el proyecto a los ojos del

público (¿será de aquel que no esté de acuerdo?), si hemos visto que a lo

largo de su análisis admite que el emprendimiento será favorable en tanto

constituirá un aporte al turismo y que será también sin duda acompañado por

"aquellos habitantes que se conviertan en turistas y decidan visitar el

lugar en esa calidad".

Consideraciones finales

Queremos finalizar este análisis con una serie de preguntas que pretenden

sintetizar de la mejor forma posible nuestras angustiantes dudas sobre la

calidad y seriedad del estudio sobre el paisaje:

¿El autor visitó alguna vez el lugar de trabajo para reconocer, al menos de

manera elemental, el sitio del emprendimiento y sus adyacencias?

¿El autor tuvo en algún momento en cuenta la opinión de especialistas en

estudios del paisaje y de miembros de la comunidad?

¿La empresa MED evaluó en algún momento con detenimiento la importancia de

una correcta caracterización y valoración de la significancia del paisaje,

no sólo desde el punto de vista escénico sino y sobre todo, ambiental en

sentido amplio?

¿Porqué no se elaboraron planos que como sí ocurre para otros segmentos del

estudio, permitiesen hacerse una mejor idea de los planteos y análisis en el

texto?

Referencias

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Bertrand, G. 1978. Le paysage, entre la Nature et la Societé. Rev. Geog. des

Pyrénées et du Sud-Ouest, XLIII: 127-133.

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Carabelli, F. 1999. Entwicklung von Leitbildern für eine nachhaltige

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sustentable de la tierra en Tierra del Fuego, Argentina). Tesis Doctoral.

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Carabelli, F. 2002. A Proposal for the Development of Tourism in the

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Corraliza, J. A. 1993. Reacciones psicológicas a la estimulación escénica.

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Martinez Carretero, E. y F. Roig. 1992. El paisaje en los estudios de

vegetación. Un ensayo para la Patagonia mendocina. Parodiana 7 (1-2):

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Naveh, Z. y A. S. Lieberman. 1984. Landscape ecology. Springer-Verlag.

Troll, G. 1971. Landscape ecology (geo-ecology) and biocenology. A

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